Sarampión: los antivacunas y los brotes que preocupan a Santa Fe

La preocupante oleada mundial de casos de sarampión llegó al país, con 35 casos confirmados en Buenos Aires, y puso en alerta al gobierno provincial que intensificó la campaña de inmunización y advirtió sobre los grupos antivacunas.
“Estamos muy preocupados por esta reaparición de una enfermedad que hace de los noventa que no se ve”, afirmó Andrea Uboldi, ministra de Salud de Santa Fe, al hacer referencia a los recientes brotes de sarampión en la vecina provincia bonaerense.
Aunque en la región no se detectaron casos hasta el momento, desde la Provincia insistieron en la necesidad de vacunarse con para evitar la propagación de la enfermedad en el país.
El último caso de sarampión endémico en Argentina fue en el año 2000 y la última muerte en 1998. Desde entonces, se reportaron más de 40 casos importados o relacionados con la importación, brotes que pudieron controlarse antes de los 12 meses, por lo que se evitó perder el status de “País libre de sarampión”.
La médica pediatra e infectóloga señaló que el “gran mérito de las vacunas es eliminar una enfermedad” pero en contrapartida provoca que las personas no perciben el riesgo de no prevenir un nuevo brote. “La gran contra que tienen las vacunas es que al controlar las enfermedades, y que no aparezcan, hace que la gente se olvide que existieron y no perciben que hay un riesgo”, comentó.
En cuanto a la falta de compromiso de la ciudadanía con la aplicación de inyecciones para prevenir algunas pestes, Uboldi ejemplificó: “Todos los años muere gente que debió vacunarse contra la gripe”.

Los antivacunas

A principios de este año, la Organización Mundial de la Salud publicó una lista con las diez mayores amenazas para la salud pública, en dicha nómina fue incluido el movimiento antivacunas. Las otras nueve problemas son: el cambio climático y la contaminación, las enfermedades no transmisibles (cáncer, diabetes y enfermedades cardiovasculares), las epidemias globales, los entornos frágiles e inestables (crisis migratorias), la resistencia a los antibióticos , el ébola y otros patógenos extremadamente graves, la falta de atención sanitaria adecuada, el dengue y el sida.

El sarampión es una enfermedad viral de rápida transmisión.
En Argentina, se registraron algunas comunidades antivacunas en ciertas regiones de las provincias de Córdoba, Buenos Aires y Río Negro. Hace dos semanas, en Ituzaingó (Gran Buenos Aires) fueron detectados cinco casos de sarampión en menores de edad que no fueron vacunados por decisión de su madre.
“Hay algunos grupos de personas que por cuestiones culturales siente que con una alimentación natural y el control del medio ambiente es suficiente”, explicó la ministra de Salud santafesina, a la hora de hablar de la resistencia a vacunarse de ciertas personas. “Por otro lado se piensa que la vacuna tiene una serie de elementos en su interior que desencadenan un montón de enfermedades que no están bien estudiadas”, añadió.
Más allá de los argumentos particulares que una pequeña comunidad pueda tener para no acceder a los programas de inmunización, Uboldi destacó la importancia en materia de Salud Pública de la prevención de enfermedades: “La vacuna es un hecho solidario. Yo puedo tomar una decisión individual si vivo solo en una isla”.

El mito de la triple viral

El 26 de febrero de 1998, en Londres, el médico Andrew Wakefield presentó una investigación preliminar, publicada en la prestigiosa revista científica The Lancet, en la que decía que doce niños vacunados habían desarrollado comportamientos autistas e inflamación intestinal grave.
Wakefield y los compañeros de ese estudio sugirieron la posibilidad de que hubiera un “vínculo causal” de esos problemas con la vacuna conocida como MMR, por las siglas en inglés de las enfermedades sarampión, paperas y rubeola (triple viral), que había sido aplicada a 11 de los 12 niños estudiados.
La sugerencia del gastroenterólogo fue suficiente para que los índices de vacunación del MMR en Reino Unido empezaran a bajar y más tarde alrededor del mundo.
Tras publicar su artículo en 1998, Wakefield se embarcó en una campaña contra la vacuna triple viral en beneficio de potenciar las que sólo presentaban un antígeno como la vacuna simple del sarampión. Lo que la opinión pública ignoraba es que en 1997 el médico había solicitado una patente para una vacuna contra el sarampión de un solo antígeno. Su interés económico en desacreditar la triple viral era evidente. Había ocultado su conflicto de intereses.
Fue el periodista Brian Deer del Sunday Times quien en 2004 descubrió los negocios y la falta de ética del científico. Poco tiempo después, varios de los 12 coautores de aquella investigación, desengañados, retiraron su apoyo a las conclusiones del artículo.
La ministra santafesina atribuyó al estudio de Wakefield la desinformación actual sobre los efectos de la vacunación: “Un médico fraguó una investigación asociando la triple viral con el autismo. Por esto los ingleses dejaron de vacunarse y tiempo después se dan cuenta que la vacuna no es la condicionante del autismo”. “Luego se retracta informando que el estudio había sido mentiroso, pero ya había instalado en la sociedad la percepción que la triple viral podía provocar autismo”, indicó la funcionaria, en diálogo con Sí 98.9.

Vacunación 360

El gobierno provincial presentó, el martes pasado, Vacunación 360°, una propuesta conjunta entre los ministerios de Salud y de Innovación y Cultura, y el Laboratorio de Innovación Pública de la provincia (Santalab), un dispositivo de realidad virtual para que los más pequeños se vacunen sin miedo.
“Nos parece adecuado utilizar este tipo de tecnología en las edades que están muy involucrados con los videojuegos y el uso de los teléfonos celulares. La realidad virtual los abstrae del dolor y de los miedos, y a pensar que hay un modo diferente de ejecutar las cosas ayuda a prevenirse y por ende a mejorar la salud”, señaló la ministra de Salud, Andrea Uboldi, en el acto realizado en Plataforma Lavarden de la ciudad de Rosario.
“A través de los videosjuegos nació la manera de compartir un modo de vincularse con el sistema de salud desde un lugar distinto y no solo con el dolor, para que podamos garantizar que el acceso a la vacuna no sea traumático ni sentido como un castigo, sino como parte de la vida”, concluyó.
Por su parte, la ministra de Innovación y Cultura, María de los Ángeles González, felicitó a quienes hicieron “realidad este dispositivo lúdico que permite vacunar a los pequeños de un modo fantástico, porque evidentemente facilita la vacunación, y con responsabilidad nos hace entender que la vacunación también puede ser un simple juego, además de un acto de responsabilidad, de salud, de prevención que contribuye a no sólo ser felices sino también más sanos”.
“Lo que duele es cuando no te proteges, cuando estás solo, cuando no podes jugar, cuando no entendés porque te sentís mal, cuando no te dejan hablar y decir lo que piensa, cuando no podes explicar por qué sufrís, que no te crean que como niño podes estar también enojado”, concluyó González.

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