Seis policías de Firmat condenados por torturar a un joven

La Cámara Penal de Rosario revisa la condena a seis policías por haber torturado a un joven en la ciudad de Firmat, en junio de 2013.

El año pasado, el comisario Edgardo Ale fue sentenciado por los delitos de apremios ilegales y falsedad ideológica a la pena de cuatro años de prisión y ocho de inhabilitación. Mientras que Matías Busto, José Sotelo, Alejandro Copetti, Juan José Zanel y Walter Aguar, recibieron sentencia de tres años y tres meses de prisión por apremios ilegales agravados, y seis años y medio de inhabilitación. Para la querella, la pena debe ser de 22 años para el comisario y un sumariante; y de 20, para los demás efectivos, por el delito de torturas. La fiscalía había pedido entre 8 y 9 años. “Fue terrible y el que estuvo preso fui yo, por el miedo que tenía de salir a la calle”, dijo ayer Alexis M., que hoy tiene 27 años.
En su apelación, los abogados Adrián Ruiz y José Ferrara relataron el hecho que Alexis pudo denunciar dos días después. El sábado 29 de junio, por la tarde, la víctima iba en bicicleta cuando dos de los policías lo abordaron y lo subieron a un móvil para llevarlo a la comisaría 13ª, por averiguación de antecedentes. Con la participación del comisario Ale, llevaron a Alexis al patio de la seccional y comenzaron las vejaciones: “Lo hicieron desnudar, lo golpearon, lo obligaron a tragar agua de una manguera hasta el vómito, le sacaron los cordones de las zapatillas y los usaron para atar dos cables pelados a un palo de escoba y picanearlo. Mientras tanto le exigían que dijera quién robaba las placas del cementerio”, relató el abogado Ferrara.
Alexis no tiene antecedentes penales y nunca había entrado a una comisaría. En la causa se constató que el joven tenía al menos cinco lesiones. Aquella tarde, logró que dejaran de pegarle cuando lo amenazaron con empalarlo y él junto fuerzas, se soltó y saltó un paredón hacia la casa de una vecina que lo asistió y le dio algo de ropa. Dos días después pudo hacer la denuncia. “Me decían que iba a aparecer muerto en un descampado, con un tiro en la cabeza y el arma en la mano”, como para simular un suicidio.
Según el fallo condenatorio, el comisario aseguró: “Yo lo voy a hacer hablar”, mientras lo levantaba de los pelos, para luego pedir que le llevaran los cables y pasarle corriente por los pies, mientras estaba mojado. El fallo también expresa que dos policías le sacaban fotos; mientras otros lo amenazaban con “romperle el culo” (sic).
Sin embargo, para el juez de Melincué, la figura penal achacada a los imputados no encaja en el delito de tortura y fijó condenas que resultaron bajas para la querella. Aunque reconoció que se trató de un accionar “degradante, abusivo y sumamente violento”, lo encuadró en apremios ilegales.

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